Tuve que darle dos oportunidades a este libro. La primera vez que lo comencé me pareció tedioso, largo, cargado de descripciones que a mi tan poco me gustan. Una vez terminado el autor explica el proceso de elaboración y el mismo lo afirma: “De allí la función de penitencia, de iniciación, que tienen las cien primeras páginas; y, si a alguien no le gusta, pero para él: se queda en la falda de la colina”
Decidí retomarlo una segunda vez y el resultado fue mucho más gratificante. Puesto ya en harina, con los dos protagonistas investigando los extraños asesinatos que se comenten en la abadía benedictina, es imposible abandonar la lectura de este intrigante libro.
La novela tiene como trasfondo el enfrentamiento del Papa Juan XXII con la orden franciscana sobre la pobreza de Cristo, que, en consecuencia, debería tener también la Iglesia. Hay un gran número de capítulos sobre discusiones doctrinales y herejías, y he de decir, es la primer vez que busco cosas en el la Wikipedia sin éxito. Sin duda son muchas las corrientes consideradas heréticas que se nombran en el libro, y también la división que se dio en la orden franciscana entre los llamados "conventuales" y los "espirituales" o “fraticelli”. Esta parte es a veces aburrida y llegas a perderte en los debates doctrinales.
Por otra parte esta la investigación de los extraños asesinatos que acontecen. Esta parte tiene todos los rasgos de las más geniales novelas detectivescas y de aventuras. Destaca, como no puede faltar en este tipo de literatura, la figura de Guillermo de Baskerville, fraile franciscano británico que destaca por su perspicacia e inteligencia y en el que es imposible no ver influencias de otro gran detective, Sherlock Holmes. Estas influencias también se reflejan en el joven novicio Adso, ayudante de Guillermo y narrador de la historia (su nombre recuerda al de Watson).
La novela es un espectacular retrato del pensamiento de la Iglesia de la época. En ella se ponen de relieve algunas cosas que personalmente me han llamado la atención. En primer lugar, las enormes diferencias culturales que existían entre los frailes, dedicados por completo al estudio, y el pueblo llano, denominado por estos primeros “simples”. División que parece intentar romper levemente la orden franciscana y que sin duda lleva a mencionar en la obra un sin fin de corrientes denominadas por la Iglesia como heréticas, y que pretendían un acercamiento al pueblo.
Otro punto que genialmente pone Eco de manifiesto es la misoginia imperante en las ordenes religiosas. Llama la atención en este punto la Historia de la joven campesina de la que Adso se enamora. Una joven a la que el hambre lleva a mantener relaciones con frailes a cambio de algo de comida y que es acusada de brujería. Son significativos muchos diálogos y advertencias sobre la mujer y su naturaleza maligna que distintos monjes hacen al joven Adso, a pesar de ser algunos de los monjes los que iban al pueblo buscando precisamente a este tipo de muchachas y aprovechando su extrema pobreza.
También la novela habla de otro tipo de lujuria, no carnal, sino de conocimientos, aunque esta lleve los frailes a mantener relaciones homosexuales. Pero desde luego, la mayor víctima de la ambición de conocimientos es el propio protagonista, Guillermo, que en la última parte intenta, en vano, salvar la biblioteca de las llamas.
Una frase me ha parecido interesante: Cuando los verdaderos enemigos son demasiado fuertes, hay que buscarse otros enemigos más débiles.[...]. Solo los poderosos saben siempre con toda claridad cuáles son sus verdaderos enemigos. Los señores no querían que los pastorcillos pusieran en peligro sus bienes, y tuvieron la inmensa suerte de que los jefes de los pastorcillos insinuasen la idea de que muchas de las riquezas estaban en poder de los judíos. Hay cosas que no cambian, entonces fueron judíos, hoy inmigrantes.
No os perdaís el artículo sobre este libro en la Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/El_nombre_de_la_rosa
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