Plato de mal gusto, Alvaro Aguilera

Alvaro Aguilera es un escritor madrileño, joven (poco más de 30 años) y cuya profesión es la de guionista, así como profesor de cine y literatura. Debuta en el mundo de la novela con este título: "Plato de mal gusto" editado por Akal, dentro de su serie de novela negra. Además, está ya preparando su segunda novela.
 
La historia que nos cuenta es la de Palacios, un asesino a sueldo. Tras realizar un "trabajo" que le permitirá retirarse, comienza a tener problemas que incluyen asesinatos de personas cercanas, chantajes, torturas y demás episodios que caracterizan la novela negra. Por tanto Palacios tendrá que moverse en ambientes desconocidos para la clase social a la que pertenece (como el mundo de las finanzas y las grandes constructoras), y tirar del hilo jugándose la vida para conseguir cobrar su trabajo realizado y poder retirarse.
 
Se trata de una novela de 200 páginas, de lectura fácil. Aguilera nos relata la historia desde el personaje de Palacios, el protagonista de la historia. Es un hombre en la cuarentena, que ha tenido una gran perdida en su vida, y que busca que el dinero le proporcione la posibilidad de pasar página y disfrutar de una nueva vida.

La historia se desarrolla en Madrid, sobre todo en el distrito de Latina y en concreto en el barrio de las Águilas, donde el autor pasó su infancia y adolescencia. Este es un punto de realismo muy acertado bajo mi punto de vista, porque este tipo de sucesos de novela negra, no tienen que ocurrir en el centro histórico o turístico de la ciudad, perfectamente suceden en los extrarradios. Las historias de la camorra napolitana no suceden al lado del Duomo de Nápoles, sino en barrios periféricos como Scampia.
 
Los personajes están bien definidos con una personalidad coherente que los hace más creíbles. Son realmente entrañables la abuela vecina de Lino o el vecino vascófono que interpela a Palacios casi al final de la novela. Aunque el que más ternura provoca es Rufi, el entrañable vagabundo antiguo militante comunista que Palacios conoce una noche en la calle y que tiene un papel relevante en el desenlace.
Los personajes están muy bien perfilados, muestran una cara cuando aparecen en la historia, pero muchos de ellos tienen diversos dobleces, que se irán descubriendo según avanza la trama.
Mención aparte merece el protagonista, Palacios. En él, hay algo del autor, como no podía ser de otra manera. Aunque no coinciden ni en edad, ni por supuesto en profesión, si tienen en común algunas cosas. Ponerse siempre de parte de los débiles, haber pasado la adolescencia y juventud en el barrio de Las Águilas o fumar tabaco negro son algunos de los elementos que ambos comparten.
 
Tanto la portada como el nombre del libro, tienen que mucho que ver con la historia, y tendrás que leerlo para entender porque Aguilera los ha elegido, y tendrás que hacerlo hasta el final. Sobre todo la portada, no es muy ortodoxa para una novela negra, pero todo tiene su porque en esta novela.

Aguilera cuenta la historia con capítulos cortos, como si de escenas de una película o de actos de una obra teatral se tratara. En todos hay la acción y desenlace para que sean necesarios, no hay capítulos irrelevantes para la historia. Se nota que es una novela escrita sin la prisa de una editorial detrás para publicarla.

La novela reúne la mayoría de los elementos de la mejor tradición de la novela negra: barrios de clase trabajadora, antros con turbios personajes, ambientes sórdidos, personajes siniestros, asesinatos, negocios de dudosa ética, las cloacas de un sistema que necesita personas como las que aparecen en la novela para seguir existiendo... y que la diferencian de la simple novela policiaca.

En conclusión, creo que es una buena novela y un gran debut para un escritor novel. Cuenta una historia original, la narración es ágil, evita las florituras y no abusa de las descripciones, va al grano.  Personajes bien definidos que te involucran en la historia y un final más que solvente. Altamente recomendable.

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